|
|
|
Este "capítulo" contiene las siguientes secciones:
1 .- El Marmora
2 .- Carta
3 .- Relatos de los primeros años (uno de ellos, con anécdota respecto a Federico Knippenberg, marido de Isabel Kinen)
| 1 - EL MARMORA |
El barco a vela que transportó a los miembros de la familia Kinen - Allar que emigraron a Argentina se llamaba Marmora.

Barcos de tres mástiles del mismo tipo y características que los que viajaron desde Dunkerque a Buenos Aires transportando a los emigrantes que fundaron Esperanza (Los barcos que hicieron la travesía eran de Dundee). Entre esos barcos figura el Marmora donde viajaron los Kinen
· · · Desde Dunkerque, Francia, partieron hacia Confederación Argentina
1) Kyle Bristol (11-12-1855)
2) Lord Raglan (28-11-1855)
3) Marmora (22-12-1855)
4) Linda (diciembre 1855)
· · · Desde Amberes, Bélgica, partieron hacia Confederación Argentina
5) Clotilde (21-02-1856)
6) Packet (12-03-1856)

Vista
interior de un barco de inmigrantes
El 23 de febrero llegó el "Mármora" con la mayoría de los inmigrantes de nacionalidad alemana. Arribaron a Santa Fe el 12 de marzo de 1856.
UN VIAJE EN BARCO - 1855 - MARMORA
FRAU KNIPPENBERG ?
Argentinisches Tageblatt
Suplemento especial del día 27-4-2002
(gentileza de envío de Dr. Roberto T. Alemann )
"Eine Schiffsreise 1855"
"En nuestro pueblo natal no lejos de Bingen am Rhein***, en el otoño del año 1855, se habló mucho de la emigración hacia Sudamérica. Hubo una importante razón para ello, la situación apremiante que reinaba en esa época. Así supieron mis padres con satisfacción que en Frankfurt/Main existía una oficina de informaciones. Muy resuelto, viajó mi padre hacia allá y firmó con el representante del colonizador Aarón Castellanos, de nombre Juan José María Vanderest, el contrato de colonización. Simultáneamente fijaron las condiciones del viaje con el Sr. C. H. Textor. Desde Colonia pasando por Dunquerke, hasta Martín García, el viaje para cada persona de una edad mayor de 10 años costaría 400 francos. De éstos, Castellanos se comprometía a pagar 155 francos. Nuestra familia estaba compuesta por ocho personas: papá, mamá, cuatro hermanos, una hermana y yo.
Nosotros los hijos éramos todos mayores de diez años.
Para financiar nuestro viaje hubo un remate. La casa con el terreno fueron vendidos favorablemente, de modo que luego de descontar los gastos por diversos utensilios y el costo del viaje, quedaba todavía un buen remanente para emergencia.
Llegó el 6 de diciembre de 1855, nuestro día de partida. Ya por la mañana a las 3 fue la despedida, hacía un frío intenso. Hasta St. Goar nos llevó con todas nuestra pertenencias un carro abierto. Luego seguimos con una de las grandes barcazas de cabotaje del Rhin. Para poder llegar a Colonia, nuestro destino, no empleamos el vapor, pero tuvimos que sufrir mucho la primera noche. En la barcaza abierta el frío era casi inaguantable. Debido al tiempo tormentoso, caía a menudo agua dentro del barco. Tanto nosotros como todo nuestro equipaje terminamos totalmente mojados. Mi mamá se descompuso fuertemente, y decidimos que a partir de Koblenz nuestros padres seguirían con el vapor, mientras nosotros continuábamos en la barcaza, la seguridad del equipaje lo exigía. Finalmente, al tercer día de nuestra partida de St. Goar llegamos a Colonia [1] . Nuestros padres nos estaban esperando en el muelle. Ambos al unísono dijeron: "chicos, chicos viven todavía?".
Lamentablemente al descargar el equipaje, descubrimos que tres bolsas de papá que traíamos de alimentación en el barco, estaban totalmente congeladas y ya no eran aptas para consumo. Mi madre se puso a llorar, pronosticó muchas desgracias y su conclusión fue el consejo de retornar.
Recién el 12 de diciembre nos recibió un vagón del ferrocarril abierto, y el viaje siguió por de pronto a Lille. Con igual destino viajaban también otras familias Nos acompañaba el agente Textor. Llegados a Lille, por fin pudimos hacernos café y calentarnos algo. Bien que nos hacía falta.
Además las autoridades francesas averiguaron aquí por nosotros. Fuimos llevados ante un pizarrón donde había escritas varias preguntas en alemán, que debíamos contestar con "sí" o "no". Se referían al trato que nos brindaba el agente.
También en Dunkerque, donde todavía cambiamos plata y compramos algunas pequeñeces, fuimos bien atendidos, La espera duró seis días, la alimentación era realmente suficiente.
El 20 de diciembre embarcamos en el velero de tres mástiles "La Marmora". Con nosotros viajaban 42 familias, parte de los alrededores de nuestra patria, parte de la Suiza Francesa.. Más de un temeroso debió ser convencido por los agentes Textor y Vanderest a subir al barco. Finalmente estuvimos todos los que viajábamos. Los de habla alemana fueron ubicados a proa y los francoparlantes en popa. Pronto comenzó la tormenta, de modo que el barco se hamacaba en el puerto. La partida se demoró dos días. Desde luego fueron necesarias todas las artes de convicción de los agentes para lograr que nadie desertara a último momento.
El 22 de diciembre finalmente nos sacó un remolcador del puerto: era justamente mediodía.
Algunos cantaban. Muchos estaban fuertemente entonados con rhum. Tampoco faltó a esta altura la nostalgia. Sobre todo las madres trataban de fijar la vista el mayor tiempo posible hacia tierra firme que iba desapareciendo paulatinamente ... Cuántas jugarían con el pensamiento de si alguna vez volverían a ver la patria!.
De pronto hubo en qué ocuparse. Debíamos instalarnos medianamente bien. Y la primera tarde se repartieron las raciones de víveres para una semana. Durante la mañana había desaparecido la tierra firme. Y cómo se movía el barco! Pero esto no fue nada comparado con el segundo día de viaje, el 24 de diciembre: algunas familias ya habían empezado a preparar todo para festejar dignamente Navidad. Pero la tormenta se hizo huracán. El propio segundo piloto fue arrastrado por las olas espumantes de la cubierta superior. Todos los esfuerzos de salvataje fueron en vano. Y cómo estaban nuestros dormitorios! Todos los que intentaban cerrar una escotilla, quedaban bañados como si hubieran caído al agua! Todos los enseres estaban mezclados: valijas, ollas, camas, baldes y víveres estaban amontonados y revueltos. Si bien para darnos donde sostenernos se habían tendido sogas.
También los adultos, el que podía se aferraba a parantes y tirantes.
Por otra parte los chicos buscaban refugio con los padres. Sin embargo la tormenta se fue haciendo cada vez más violenta. Nuestro estar sentados, no era más que deslizar hacia todos lados. A todo esto estaban apagadas todas las luces. Cada vez eran más las víctimas del mareo. Entre lamentaciones y rezos, ya nos veíamos enfrentando el hundimiento; así pasamos el día de Navidad que queríamos celebrar tan solemnemente.
Luego de 24 horas de sufrimiento la cosa mejoró. A la tarde del 25 de diciembre la tormenta había amainado. Ya era casi imposible aguantar el ambiente cerrado del interior del barco y pudo abrirse nuevamente la escotilla. También nos permitieron subir a cubierta. Y qué vimos: las velas estaban despedazadas, entre los mástiles, entrelazadas con maderas había numerosas sogas cortadas. También había quedado destruida parte del revestimiento de borda. La cuadrilla de la tripulación que estaba de guardia se había tenido que atar en sus puestos para no compartir la suerte del segundo piloto.
Pudimos suspirar aliviados. También apareció el capitán en la figura de un francés pelirrojo, quien dijo: este barco puede aguantar otras 20 tormentas como ésta, que nos hizo saber por medio del alsaciano que nos hacía de traductor; de hecho, esto nos volvió a dar ánimos. De todo el desparrame de pertenencias, fueron extraídas las cacerolas y enseres de cocina. Se cocinó; finalmente hubo una noticia alegre: la esposa de mi hermano mayor había tenido un bebé a causa del miedo sufrido [2] ! La lista de pasajeros había aumentado en una alegre niña, es decir, había sido cubierta la pérdida del segundo piloto!
Nuevamente apareció el capitán para predecir de ello una feliz continuación de la travesía.
El capitán era muy proclive a las promesas y profecías. De ese modo pudo tranquilizar algunas mujeres que querían lavar. Finalmente se dieron cuenta que el agua salada de mar sirve de poco para ello y pidieron agua dulce. Pero: "qué tanto" dijo el capitán: "Deje Usted la mancha en la ropa. Una vez llegados a destino, simplemente tiren la ropa al río. Sin que ustedes se esfuercen, en media hora está limpita como plata, sino, de dónde creen que proviene el nombre de Río de la Plata". Una señora mayor de la zona del Rhin, muy ufanamente dijo: "Mi Dios, entonces traje de balde mi tabla de roble para lavar ropa!".
En la medida que los pasajeros se fueron conociendo, comenzaron también las distracciones: hubo empeño en practicar baile, y más de un entretenimiento se generó por el hecho que las oscilaciones y meneos de las florecientes renanas hiciera que los marineros de la tripulación quisieran participar. Pero los caballeros del Rhin les ganaban de mano para pedir la siguiente vuelta.
El buen tiempo pronosticado por el capitán de pronto hasta se puso demasiado bueno. Con un continuo aumento de temperatura, cada vez hubo más viento. Casi durante 14 días las velas dejaron de hincharse. El sol ardía sensiblemente. Finalmente, por temor a que los alimentos no alcanzaran, el capitán comenzó a racionarlos.
Como el barco hacía recién 50 días de viaje, y a pesar de todo ya había cubierto un buen trecho, los pasajeros se quejaron con razón.
Luego de otros diez días llegamos a Montevideo, y al "previsor" capitán le quedaban todavía suficientes víveres como hacerse su dinerillo personal con la venta barata de los mismos. Obligatoriamente el barco había haber salido equipado como para 80 días de navegación.
Rápidamente el "Mármora" llegó frente a Buenos Aires, en la isla Martín García. Quien lo hubiera creído. En la travesía de 60 días, cuatro familias habían perdido sus hijos por muerte de los mismos. En las profundas aguas del Océano Atlántico habían encontrado la tumba que ni padres ni hermanos pueden ir a visitar ni cuidar, cómo estaban todos tensos por conocer su nueva patria "Esperanza".
Poco antes también había arribado el velero "Linda". Los pasajeros de ambas naves fueron trasladados al vapor de cabotaje "Tala", de modo que, luego de numerosas penas, finalmente estábamos ante una nueva etapa.
Este vapor terminó siendo peor que el velero. El ambiente disponible en el mismo era tan estrecho que hasta las bolsas-colchón, llenas de paja, debieron ser tiradas fuera de la borda. Realmente estábamos amontonados como arenques. Además el Tala a menudo varaba en algún banco de arena. Cada vez que ocurría esto, debíamos llevar todas las pertenencias más pesadas hacia la zona de popa, para poder zafar de la varadura. Desde luego, estos operativos, sobre todo de noche, producían un gran desorden. Todo esto demoraba sensiblemente el avance del vapor.
También la muerte se llevó nuevas víctimas. Cerca de San Nicolás fallecieron las dos únicas hijas, de 16 y 18 años, de una familia suiza francoparlante. El barco debió levar anclas y se procedió al entierro en fosa común, junto a la costa. Un hijo de la familia M. Cayó al agua y no pudo ser rescatado.
En Santa Fe ... debido al prolongado viaje habían enfermado unas 30 personas y debieron ser internadas en un hospital. Allí la comida fue muy buena. Se destacó la Sra. Iturraspe , directora del hospital y madre del conocido y apreciado Sr. Juan B. Iturraspe. Ella no sólo proveyó de ropa personal y de cama, sino que a menudo se sacó prendas prescindibles para regalarlas a las enfermas mujeres de inmigrantes.
Además la Sra. Iturraspe asumió como madrina para todos los chicos nacidos a bordo en la noche de Navidad. Padrino fue el entonces Gobernador de la Provincia. Durante mucho tiempo la Sra. Iturraspe quedó en el mejor y agradecido recuerdo de las Sras. de los colonos.
Apenas los pasajeros pisaron tierra fueron traídos canastos llenos de pan. Además,, todos recibieron monedas de plata, pero la muerte de la pobre niña ahogada, veló la alegría general.
Las pobres pertenencias de los viajeros fueron cargadas en grandes carretas y llevadas inicialmente a Guadalupe. Para mantener a la vista sus pertenencias, los colonos iban a pié a ambos costados y detrás de los vehículos.
Ciertamente una caravana interesante! Incluso los habitantes de los numerosos ranchos delante de los cuales pasaban, no perdían oportunidad de alentar y alegrar con gestos y palabras a los extraños viajeros.
Así, las mujeres de tez obscura arrimaban leche fresca, lo cual asustaba a los chicos porque era ofrecida en cáscaras de melón como recipiente. En Guadalupe fuimos alojados en un cuartel. Se repartió generosamente carne y galleta, sólo que la estadía duró cuatro semanas.
Un buen día, muy temprano por la mañana, fueron cargadas nuevamente nuestras escasas pertenencias sobre "carretas". Con muchas dificultades, ya que no había puente, cruzamos el Río Salado, y, a eso de las 10 de la noche llegamos finalmente a nuestro destino".
Notas
*** Bingen am Rhein es el nombre completo de la ciudad (traducido literalmente: "Bingen junto al Rin"). Existe una versión castellana de esta carta que induce a error, al decir: "En nuestro pueblo natal en las cercanías de Bingen a orillas del Rhin, en otoño de 1855 ..." en: Althaus y Bertotti. Ejemplos de Vida. Esperanza. Página 237 . El texto original, en alemán, no dice que el pueblo natal estuviera junto al Rin sino que estaba en las cercanías de "Bingen am Rhein" (In unserem Heimatdorfe in der Nähe von Bingen am Rhein im Herbst des Jahres 1855). De hecho, Selzen no está a orillas del Rin sino en la cercanía de Bingen, quien sí está junto al Rin
[1] Cabe presumir que aquí se unieron al grupo los Kinen Allard, los Mergen, los Rossler.. quienes provenían de la zona de Tréveris (Trier). Y presumiblemente gente que provenía de Luxemburgo; de hecho los Kinen emigraron desde Luxemburgo (Altrier).
[2] El relato fue escrito bastante tiempo después del viaje. Según los registros de la Empresa Dundee el 7 de noviembre de 1855 se ahogó el marinero del Marmora, David Gray; no el 25 de diciembre de 1855. Lo dicho por Frau Knippenberg no parece corresponder a los hechos.
| • PRESENTACIÓN | • BOLLENDORF | • EL
APELLIDO KINEN |
• GENERACIONES Y ANCESTROS |
• LOS INICIOS | |